Más allá del choque: cómo la tecnología está transformando la cobertura de seguros de autos en Chile

Más allá del choque: cómo la tecnología está transformando la cobertura de seguros de autos en Chile
En las calles de Santiago, mientras los conductores evitan baches y anticipan el próximo semáforo en rojo, una revolución silenciosa se está gestando dentro de las pólizas de seguros de autos. No se trata solo de pagar menos después de un golpe en la Costanera; estamos ante un cambio de paradigma donde los datos y la tecnología redefinen qué significa estar protegido al volante. Las aseguradoras, históricamente vistas como entes reactivos que aparecen después del siniestro, están migrando hacia un modelo predictivo y personalizado que promete transformar nuestra relación con el riesgo.

La telemetría ha dejado de ser un experimento para convertirse en el corazón de las nuevas pólizas. Dispositivos instalados en el vehículo o aplicaciones en el teléfono monitorean desde la velocidad hasta los hábitos de frenado, creando un perfil de conducción único. Este 'big data' sobre ruedas permite ajustar primas no solo por la antigüedad del auto o la comuna del conductor, sino por cómo realmente se maneja. El conductor prudente que evita las aceleraciones bruscas y respeta los límites puede ver reducidas sus cuotas mensuales en hasta un 30%, mientras que el imprudente paga el precio real de su riesgo.

Pero la innovación no se detiene en el cálculo de primas. Los sistemas de asistencia al conductor (ADAS), como el frenado automático de emergencia o el mantenimiento de carril, están generando un curioso efecto secundario: están reescribiendo las cláusulas de las pólizas. Algunas aseguradoras ya ofrecen descuentos específicos para vehículos equipados con estas tecnologías, reconociendo que un auto que puede evitar por sí mismo ciertos accidentes representa un riesgo menor. La paradoja es fascinante: mientras más autónomo se vuelve el vehículo, más personalizado se hace su seguro.

En el mundo post-pandemia, donde el teletrabajo redujo drásticamente los kilómetros recorridos, surgió otro modelo disruptivo: el seguro por uso o 'pay-as-you-drive'. Ya no se paga por la cobertura anual completa, sino por los kilómetros realmente conducidos. Para quienes usan el auto solo los fines de semana o para viajes esenciales, el ahorro puede ser sustancial. Esta flexibilidad responde a un cambio cultural profundo donde la propiedad del vehículo deja de ser sinónimo de uso constante, especialmente en ciudades con sistemas de transporte público mejorados y opciones de micromovilidad.

La digitalización también está transformando el momento más crítico: el siniestro. Las apps permiten ahora reportar un accidente en minutos, subiendo fotos, videos y la ubicación exacta. Algunas aseguradoras utilizan inteligencia artificial para evaluar los daños a través de imágenes, acelerando la aprobación de reparaciones. En casos menores, el conductor puede recibir el dinero directamente en su cuenta sin pasar por el taller, eligiendo cuándo y dónde reparar. Este proceso, que antes tomaba semanas, se reduce a días o incluso horas, cambiando radicalmente la experiencia del asegurado.

Sin embargo, esta revolución tecnológica no está exenta de desafíos éticos y regulatorios. La recolección masiva de datos de conducción plantea preguntas incómodas sobre privacidad: ¿quién realmente posee estos datos? ¿Pueden las aseguradoras compartirlos con terceros? ¿Qué pasa si el sistema identifica falsamente una maniobra como riesgosa? La Superintendencia de Valores y Seguros ya está trabajando en un marco regulatorio para esta nueva realidad, buscando equilibrar innovación con protección al consumidor.

El futuro cercano promete aún más transformaciones. Los vehículos eléctricos, con sus necesidades de mantenimiento diferentes y baterías costosas, están impulsando coberturas especializadas. Los seguros por suscripción, donde se paga una tarifa plana mensual que incluye desde la mantención básica hasta la cobertura por accidentes, ganan terreno entre los millennials que prefieren experiencias sobre propiedades. Y en el horizonte asoma el seguro para vehículos autónomos, donde la responsabilidad podría migrar gradualmente del conductor al fabricante del software.

Lo que comenzó como un simple contrato para cubrir daños por colisión se ha convertido en un ecosistema dinámico donde tecnología, datos y nuevos hábitos de movilidad convergen. El conductor chileno ya no es solo un número en una tabla de riesgos, sino el centro de una propuesta de valor personalizada que recompensa la buena conducción, se adapta a los patrones de uso reales y simplifica los procesos cuando más se necesita. En este nuevo panorama, tener un seguro de auto deja de ser un gasto obligatorio para transformarse en una herramienta inteligente de gestión del riesgo personal, tan dinámica como el tráfico en la hora punta.

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